EL CRIMEN DEL BAÚL

       EL CRIMEN DEL BAÚL                                       29/2/2020         


                                                                                                                                                                                                                                                  
             
          Eduardo era un joven muy bien parecido, contaba con 16 años de edad, había nacido en un barrio pobre de los muchos que existían, en los años 50 en Madrid y era de profesión electricista.

          Don Laureano Rupérez, era un respetado Arquitecto, contaba con  55 años de edad; vivía en el centro de la Capital, solo y muy bien atendido por María su fiel asistenta, tenía un pequeño secreto, gustaba en sus ratos libres vestirse de mujer.

Enviaron a Eduardo a reparar una avería en el domicilio del Arquitecto. Cuando D. Laureano vio aparecer ese buen mozo, no tardo nada en quedarse prendado de él. Se las ingenió para ir engatusando al joven, colmandolo de todo tipo de regalos; todo le parecía poco para mantenerlo a su lado  y así comenzaron las continuas visitas. Al domicilio y Eduardo cometió el error de dejarse querer.

Aquella  mañana María acudió a su trabajo como lo hacía regularmente, al entrar en la vivienda, vio todo revuelto y  supuso  con horror que les habían robado. Al no localizar a “su señorito” se puso en contacto con Doña Rosa hermana del Arquitecto.

— Por favor,  venga enseguida que  D. Laureano no me contesta, y creó que le han robado.  Ayúdeme por favor.

 La policía, después de muchas investigaciones y pesquisas, llegó a la conclusión de que al propietario de la vivienda Sr. Rupérez le  habían  asesinado en su domicilio. Pero  no conseguían comprender como habían conseguido hacer  desaparecer el cuerpo.

— ¿Cómo? ¿De qué forma?  Existía en aquellos años un diario  especializado en crónicas de sucesos llamado “El Caso” y lanzaron una hipótesis; enviaron a la redacción  del periódico una foto robot, en la que aparecían dos hombres saliendo del portal de la vivienda y portando cada uno de ellos del asa de un baúl.

--Oye, tengo que contarte una cosa, — le dijo  Miguel a su  padre.
—Tú dirás, le contesto Pepe,  pues veras…  Miguel no sabía cómo empezar,
— No tengo toda la mañana, le instaba el padre al hijo.
 —Es que… yo ayude a sacar  un baúl de la calle de Los Generales, nº 25  || Qué||
—     ¿A quién ayudaste?
  — A mi amigo Eduardo. ¿ A dónde ?
­--A llevarlo a casa de su tía Manola.
— Andando.

 — ¿A dónde papá?  Idiota a la comisaría, a llevarte de las orejas  ¡Imbécil!

La madre y la tía de Eduardo, Juliá y Manuela, eran dos hermanas que se llevaban muy bien. Vivian en casas contiguas, este joven tenía tres hermanas más pequeñas de 10, 8 y 6 años, estas casas eran muy pequeñas y por todo ello este joven vivía con sus padres pero, de mutuo acuerdo entre las dos hermanas como su tía Manola estaba viuda y no tenía hijos Eduardo  acompañaba a su tía y tenía su cuarto en casa de de su tía Manola.

 A la mañana siguiente del día de autos, Miguel acompaño a su amigo a una zona de campo muy extensa en el extrarradio de Madrid y en un punto concreto le dijo: --Ya no te necesito más, ya puedo yo solo, tengo que instalar, material eléctrico para unos postes de la luz que se van a instalar aquí.

 A Eduardo le detuvieron en Barcelona en casa de otra tía y ya en comisaría declaró: Que no conseguía desprenderse del Arquitecto, le controlaba, le agobiaba y no le dejaba marchar, que, lo intentó de todas las formas y que en un momento de rabia y desesperación le mato, le descuartizo en el baño, le introdujo en un baúl y pidió ayuda a su amigo Miguel, para sacarlo de la casa, diciéndole que era material eléctrico y que lo tenían que llevar a casa de su tía Manola.

          A Miguel, en el juicio le impusieron el internamiento en un correccional de menores por espacio de dos años y medio, a pesar de que en su defensa su abogado alegó la declaración voluntaria que realizo en comisaría.

          A Manuela, la impusieron tres años de cárcel por haber permitido introducir  el baúl en su domicilio por espacio del tiempo que estuvo en su vivienda. La tía juraba y perjuraba que no conocía el contenido del baúl pero, en el juicio el juez considero que, el desconocimiento de una Ley no le exime de tener que cumplirla; toda persona es responsable de cualquier objeto o cosa que sea depositada en su domicilio

          A Eduardo le impusieron  veinticinco años de cárcel –No le pudieron aplicar la pena capital porque era menor de edad—. Quedo demostrado que, este joven tomó esta decisión tan dramática según el obligado por las circunstancias, pero consideraron que, si podría haber sido un arrebato pero a pesar de ser tan joven, tuvo la sangre fría de descuartizar el cuerpo e introducirlo en un baúl y  robar en la vivienda como quedo demostrado en el juicio, estos hechos, fueron el resultado para él agravantes añadidos.

          Todos sabemos lo crueles que pueden llegar a ser los niños pequeños, porque, a consecuencia de este hecho tan fructuoso, a las hermanas menores de Eduardo tuvieron que trasladarlas a otro Centro Escolar;  porque a partir de entonces en el colegio las niñas eran conocidas como:  Las hermanas del asesino del baúl.

                                               Amelia Glez. Luengo

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