Eduardo era
un joven muy bien parecido, contaba con 16 años de edad, había nacido en un
barrio pobre de los muchos que existían, en los años 50 en Madrid y era de
profesión electricista.
Don Laureano
Rupérez, era un respetado Arquitecto, contaba con 55 años de edad; vivía en el centro de la
Capital, solo y muy bien atendido por María su fiel asistenta, tenía un pequeño
secreto, gustaba en sus ratos libres vestirse de mujer.
Enviaron a Eduardo a reparar una avería en el domicilio del Arquitecto.
Cuando D. Laureano vio aparecer ese buen mozo, no tardo nada en quedarse
prendado de él. Se las ingenió para ir engatusando al joven, colmandolo de todo
tipo de regalos; todo le parecía poco para mantenerlo a su lado y así comenzaron las continuas visitas. Al
domicilio y Eduardo cometió el error de dejarse querer.
Aquella mañana María
acudió a su trabajo como lo hacía regularmente, al entrar en la vivienda, vio
todo revuelto y supuso con horror que les habían robado. Al no
localizar a “su señorito” se puso en contacto con Doña Rosa hermana del Arquitecto.
— Por favor, venga enseguida que D. Laureano no me contesta, y creó que le
han robado. Ayúdeme
por favor.
La policía, después de
muchas investigaciones y pesquisas, llegó a la conclusión de que al propietario
de la vivienda Sr. Rupérez le
habían asesinado en su domicilio.
Pero no conseguían comprender como
habían conseguido hacer desaparecer el
cuerpo.
— ¿Cómo? ¿De qué
forma? Existía en aquellos años un
diario especializado en crónicas de sucesos
llamado “El Caso” y lanzaron una hipótesis; enviaron a la redacción del periódico una foto robot, en la que
aparecían dos hombres saliendo del portal de la vivienda y portando cada uno de
ellos del asa de un baúl.
--Oye, tengo que contarte una cosa, — le dijo Miguel
a su padre.
—Tú dirás, le contesto Pepe, pues veras… Miguel no sabía cómo empezar,
— No tengo toda la mañana, le instaba el padre al hijo.
—Es que… yo ayude a sacar un baúl de la calle de Los Generales, nº 25 || Qué||
—
¿A quién
ayudaste?
— A mi amigo
Eduardo. ¿ A dónde ?
--A llevarlo a casa de su tía Manola.
— Andando.
— ¿A dónde papá? Idiota a la comisaría, a llevarte de las
orejas ¡Imbécil!
La madre y la tía de Eduardo, Juliá y Manuela, eran
dos hermanas que se llevaban muy bien. Vivian en casas contiguas, este joven
tenía tres hermanas más pequeñas de 10, 8 y 6 años, estas casas eran muy
pequeñas y por todo ello este joven vivía con sus padres pero, de mutuo acuerdo
entre las dos hermanas como su tía Manola estaba viuda y no tenía hijos
Eduardo acompañaba a su tía y tenía su
cuarto en casa de de su tía Manola.
A la mañana
siguiente del día de autos, Miguel acompaño a su amigo a una zona de campo muy
extensa en el extrarradio de Madrid y en un punto concreto le dijo: --Ya no te
necesito más, ya puedo yo solo, tengo que instalar, material eléctrico para
unos postes de la luz que se van a instalar aquí.
A Eduardo le
detuvieron en Barcelona en casa de otra tía y ya en comisaría declaró: Que no
conseguía desprenderse del Arquitecto, le controlaba, le agobiaba y no le
dejaba marchar, que, lo intentó de todas las formas y que en un momento de
rabia y desesperación le mato, le descuartizo en el baño, le introdujo en un
baúl y pidió ayuda a su amigo Miguel, para sacarlo de la casa, diciéndole que
era material eléctrico y que lo tenían que llevar a casa de su tía Manola.
A Miguel, en el juicio le impusieron el
internamiento en un correccional de menores por espacio de dos años y medio, a
pesar de que en su defensa su abogado alegó la declaración voluntaria que
realizo en comisaría.
A Manuela, la impusieron tres años de
cárcel por haber permitido introducir el
baúl en su domicilio por espacio del tiempo que estuvo en su vivienda. La tía
juraba y perjuraba que no conocía el contenido del baúl pero, en el juicio el
juez considero que, el desconocimiento de una Ley no le exime de tener que
cumplirla; toda persona es responsable de cualquier objeto o cosa que sea
depositada en su domicilio
A Eduardo le impusieron veinticinco años de cárcel –No le pudieron
aplicar la pena capital porque era menor de edad—. Quedo demostrado que, este
joven tomó esta decisión tan dramática según el obligado por las
circunstancias, pero consideraron que, si podría haber sido un arrebato pero a
pesar de ser tan joven, tuvo la sangre fría de descuartizar el cuerpo e
introducirlo en un baúl y robar en la
vivienda como quedo demostrado en el juicio, estos hechos, fueron el resultado
para él agravantes añadidos.
Todos
sabemos lo crueles que pueden llegar a ser los niños pequeños, porque, a
consecuencia de este hecho tan fructuoso, a las hermanas menores de Eduardo
tuvieron que trasladarlas a otro Centro Escolar; porque a partir de entonces en el colegio las
niñas eran conocidas como:
Las hermanas del asesino del baúl.
Amelia Glez. Luengo
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