
Título: Tremendo el Volcán
Kilauea
Narrador (Primera persona)
A media noche me despertó una jaqueca horrorosa y vi venir otra de mis muchas migrañas. Al cabo de no sé cuánto tiempo conseguí pasarle a mi hermano Paco una nota debajo de la puerta de la habitación contigua, que compartíamos en el Hotel donde estábamos alojados. “Estoy malísima, llevo vomitando toda la noche, marcharos sin mí”. Salíamos de madrugada a una excursión para visitar el Volcán Kilaua con su cráter en plena ebullición y que estaba situado en las Islas Hawái.
A media noche me despertó una jaqueca horrorosa y vi venir otra de mis muchas migrañas. Al cabo de no sé cuánto tiempo conseguí pasarle a mi hermano Paco una nota debajo de la puerta de la habitación contigua, que compartíamos en el Hotel donde estábamos alojados. “Estoy malísima, llevo vomitando toda la noche, marcharos sin mí”. Salíamos de madrugada a una excursión para visitar el Volcán Kilaua con su cráter en plena ebullición y que estaba situado en las Islas Hawái.
Fueron pasando las horas
hasta que me fui entonando y fui recordando la ilusión tan grande que había
puesto en este viaje, al que por cierto nos invitó “el míster”, a Paco, a mi
cuñada Maite y a mí. Llevaba viviendo con ellos unos años. Estaba estudiando en
Madrid, este señor era de
casa, no sé porque se le llamaba así, tenía negocios con mi hermano. Tarde
un tiempo importante en comprender, lo que, a mi me resultaba un poco raro; ¿Esa relación? Veréis: Paco trabajaba como contable en una
Multinacional y “el míster”, viajaba muchísimo e introducía en España joyas, perlas vamos algunas baratijas y mi hermano blanqueaba el capital que le generaba
ese negocio. Como comprenderéis, “El
Bárcenas” no inventó ese sistema, no era
el primero y me temo que no sería el último.
Salí de mi ensimismamiento de golpe. Fue
más o menos así, se oyó un ruido grandísimo y muy raro, llamé a
recepción varias veces pero no me atendió nadie. Salí a ver qué estaba
ocurriendo, se oían voces por todos lados, todos corrían, nadie contestaba pero
gritaban: ¡Qué horror! ¡Qué tragedia! ¡Qué espanto!
Narrador (Omnisciente)
Cuando sonó el despertador Paco miró a su mujer y dijo: —Cari, espabílate que hay que levantarse que nos esperan muy temprano y tenemos que ser puntuales. Pero al ir a incorporarse de la cama vio una nota debajo de la puerta que comunicaba con la de Estrella, la leyó y dijo: —Mira Maite, mi hermana dice que nos vayamos sin ella, que tiene otra de sus migrañas.
Cuando sonó el despertador Paco miró a su mujer y dijo: —Cari, espabílate que hay que levantarse que nos esperan muy temprano y tenemos que ser puntuales. Pero al ir a incorporarse de la cama vio una nota debajo de la puerta que comunicaba con la de Estrella, la leyó y dijo: —Mira Maite, mi hermana dice que nos vayamos sin ella, que tiene otra de sus migrañas.
Al leer la nota Paco sintió
mucha pena porque sabía la ilusión que a su hermana le hacía este viaje, y
recordaba los saltos que daba cuando decidieron aceptarlo.
Emprendieron la excursión con
el resto del grupo. Viajaban en un pequeño microbús de diez pasajeros, iban precedidos de otros tres
vehículos, dos todoterrenos y otro microbús
similar. El guía era muy competente, les relataba todos los detalles de la ruta, a medida que iban ascendiendo, les contaba las maravillas del
lugar y todos los pormenores, pero naturalmente en Español, se habían asegurado mucho de que fuese así, y les comentó: —Es un excursión
preciosa que ustedes van a recordar toda su vida… Abandonaron el coche e iniciaron la subida a pie; pero en
un momento la tierra tembló un poco y Maite
miró a su marido y puso los ojos
en blanco, pero el guía enseguida se apresuro a informarles: --no se preocupen
es que empezamos a estar cerca del
Volcán y esto es muy normal aquí,
Paco tranquilizo a su mujer diciéndole: —Ves
cariño, nosotros solo nos tenemos que
preocupar cuando lo hagan ellos y mira lo tranquilo que está el guía, siguieron ascendiendo, cuando de nuevo empezaron a temblar dos veces más la tierra, y ya el guía
no comentó nada a todos los excursionistas. Todos se iban mirando un poco asustados, los unos a los otros, y Maite seguía apretando
muy fuerte la mano de Paco quien leía en sus ojos el miedo, pero sucedió que este último movimiento,
no fue igual sino mucho mayor que el anterior, y aquí sí, estalló el drama, seguido de la Hecatombe.
Narrador (Observador)
Se oyó un algo parecido a un terremoto, que fue lo que le hizo gritar al guía, -- “Vuelvan a los coches Corran, Corran”. Dentro del drama que estaban viviendo les benefició, que al subir en el coche que estaba situado en la cola, de todos los excursionistas que subían ese día al Volcán , pudieron emprenden el retorno prácticamente de los primeros hacia el hotel.
Se oyó un algo parecido a un terremoto, que fue lo que le hizo gritar al guía, -- “Vuelvan a los coches Corran, Corran”. Dentro del drama que estaban viviendo les benefició, que al subir en el coche que estaba situado en la cola, de todos los excursionistas que subían ese día al Volcán , pudieron emprenden el retorno prácticamente de los primeros hacia el hotel.
Mientras regresaban fueron
divisando como la explosión del Volcán
de Kilauea produjo una enorme columna de humo, con cenizas que se iban extendiendo
entre ellos y el Volcán.
Después supieron que tuvieron
que evacuar unas mil setecientas personas en las comunidades de Leila ni
Estates y Lainipuna Gardens y que se
destruyeron aproximadamente unas 20 viviendas, porque estas ciudades estaban situadas muy cerca del Volcán, durante tres días el Volcán estuvo vertiendo cientos de toneladas de lava al mar, devorando, carreteras, hogares, mientras emitía, peligrosos
gases tóxicos y siguió así por
espacio de unos dos meses,
aproximadamente hasta que se fue
apagando.
Ya en casa fueron
informándose, de todos los detalles, del infierno que habían vivido.
(Segunda persona)
— ¡Qué suerte tuviste Estrella! ¡Cómo te libraste de vivir un drama semejante! Me pase toda la vida quejándome de mis dolores de cabeza y fue uno de ellos el que me libró de vivir ese horror. Recuerdo con que angustia volvieron, yo que estaba aterrada, me lance a ellos para recibirlos con los brazos abiertos.
— ¡Qué suerte tuviste Estrella! ¡Cómo te libraste de vivir un drama semejante! Me pase toda la vida quejándome de mis dolores de cabeza y fue uno de ellos el que me libró de vivir ese horror. Recuerdo con que angustia volvieron, yo que estaba aterrada, me lance a ellos para recibirlos con los brazos abiertos.
El hotel se ocupó, con toda la premura posible dentro de las circunstancias, tan adversas de
organizar el regreso de todos los extranjeros que estábamos en la isla. Cuando
salimos de Haití, éramos conscientes de que habíamos vivido una tragedia
semejante a una película. La llegada del
autobús camino de su facultad sacó a Estrella de su ensimismamiento.
Amelia Glez. Luengo
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