Amelia González Luengo 12
de Junio de 2020
Tema 7—Estilos y
géneros literarios Una propuesta de trabajo: Un cuento
Título: LOS
MELLIZOS
Tengo un recuerdo, desde pequeño, que representó un problema en mis
primeros años, no tengo duda ninguna; me
convertí en un gran observador desde muy
niño; se iniciaba el mismo día de mi
cumpleaños. No recuerdo los años que tendríamos mi hermano Luis y yo, seguramente
desde siempre, comenzaba todos
los años igual.
Aparecía mi tío Paco antes de que nos fuéramos a la escuela. Como
vivíamos muy cerca, en la misma calle, acudía siempre muy temprano.
— ¿Dónde están mis sobrinos preferidos? ¡Qué voy a tirarle
de las orejas! Generalmente
se dirigía a mí.
—Gabriel muchas felicidades; que cumplas muchos años, me tiraba de las
orejas y me comía a besos.
Después iba en busca de mi hermano; yo me fijaba porque
siempre me hacía lo mismo. Llevaba un “paquetito”
en la mano, repetía la misma operación
con Luis y le daba su regalo de cumpleaños, y aquí se volvía y me comentaba:
—Hijo yo os quiero mucho a los dos. Pero como solo soy el
padrino de tu hermano y los tiempos son muy malos (eran
los años cincuenta) yo entiendo que no tenía una economía muy boyante, se
me justificaba:
—Por eso hijo a ti no puedo regalarte nada, solo puedo hacer
un regalo y es a mi ahijado.
—
¿Lo
entiendes verdad, Gabriel?
—
¿Tú
también tienes tus padrinos? —Yo asentía
con la cabeza y le contestaba que sí que lo entendía.
Y un cuerno, me
sentaba fatal, era envidia no sé…, lo que si tenía
claro es que me entraba una rabia… seguramente era una mezcla de todo junto. Con esas edades “A
mí, que me lo expliquen” No se sí yo era el “raro” o los
mayores eran los que no hacían las cosas bien.
Y para estropearlo
todavía un poco más, cuando se iba mi tío Paco, Luis me miraba, el pobre, con
una cara como pidiéndome perdón, adivinaba como me sentía. Siempre me pasaba
igual y pensaba lo mismo, esto me pasa
por cumplir los años el mismo día, porque
tenía muy claro que mi tío me quería muchísimo.
Naturalmente que yo tenía padrinos pero…
Cuando yo nací, no contaba
nadie conmigo. En aquella época no se hacían eco grafías a las mujeres embazadas;
claro así, ni mi madre, ni nadie se imaginaba que estaba encinta
de mellizos; en aquellos años nacían muy pocos partos dobles. Solo sabían que mi madre tenía mucho
peso. Claro, así se entiende que cuando llegué, hasta me improvisaron los
padrinos. Para mi hermano Luis, mi tío Paco y mi tía Milagros, conmigo lo que se les ocurrió fue una idea muy brillante, mis dos primos hermanos Pablo
con doce años y Marisa con diez.
Resultado, no me han
hecho ni caso en toda mi vida.
Veréis hasta donde llegó la
“guasa”.
Luis, desde muy jovencito, entró a trabajar con mi primo Pablo que trabajaba en
una Agencia de Publicidad y se lo llevó con él. Por aquellos años, existía la figura del aprendiz, los dos se llevan muy bien. En un rasgo de generosidad,
mi primo le regalo unos patines a Luis,
entiendo que por primera vez se acordó
de que era mi padrino y me dijo, que el
regalo era también para mí. —A esas alturas ya me iban a engañar, supongo que
le daría “su poquito de vergüenza…
Y con mi prima Marisa, otro tanto: había venido a casa a ver
a mamá, y me pidió que la acompañara, porque tenía una visita pendiente —Estoy
muy liada y si me acompañas tú me entretengo la mitad. Siendo más mayorcita ella
había apadrinado también a otra prima suya (por parte de su padre). ¡Vale! — Le contesté;
y mientras caminábamos va y me dice:
—Es que sabes, mi prima Esther a cumplido diez años y como
soy su madrina le llevo un detallito — Como comprenderéis, yo a esas alturas
tenía superado la situación, pero pensaba: tendrá “caradura” —
.
.
Eso sí, no me puedo quejar, soy un privilegiado, porque tengo el mejor hermano del mundo. Los mellizos,
según yo lo interpreto, tenemos muchas
ventajas y algunos inconvenientes, como pasa casi siempre en la vida.
Sin hacer nada, tenían esa deferencia con nosotros, caíamos bien a todos, familia y amigos en general. Mi tío Paco, por ejemplo,
cuando recibía visitas. Nos mandaba llamar para que nos conocieran, de lo
orgulloso que estaba de sus sobrinos, los mellizos
“así sin más”.
Qué años tan bonitos de pequeños juntos. porque nosotros no necesitábamos a nadie para
jugar, si había “lio y gresca”
en la calle con los demás, siempre
éramos dos contra uno. Nos hemos divertido lo nuestro, engañando todo lo que
podíamos, aprovechándonos de todo lo que
se nos ponía a tiro.
Pero en cambio si había un “problemilla”
muy importante, en nuestra vida, observé, desde muy pequeño, que tienes que convivir y sufrir, las odiosas comparaciones. Ropa igual, colegio, primos, amigos comunes, compañeros de
juegos y de clase. Yo, por alguna razón, destaque un poco más y Luis se llevo la peor parte; al pobre lo traían frito. Igual que él hizo con “nuestro cumple” todo tipo yo le quitaba importancia,
pero creo que lo lleva arrastrando desde
entonces.
Ya en la edad adulta,
llegaron las complicaciones con nuestras familias, cuando se fueron
añadiendo los familiares políticos por
ejemplo: Las cuñadas, (estas mujeres tan retorcidas ellas, con todo tipo de excusas para ponernos de acuerdo…) Ya estábamos con el dichoso problema del cumpleaños el mismo día.Y yo pensaba siempre cuando
nacía un bebe en la familia, deseaba que
no coincidiera la fecha con nadie, me decía (que sea su día).
En el transcurso de los años, nuestras hijas, tuvimos
dos cada uno de nosotros (aquí también
coincidimos) las “bobas decían que eran primas
mellizas”. Como naturalmente fuimos los padrinos de cada una
de ellas. Cuando les agasajábamos con su regalo el día de su cumpleaños, mi hermano Luis siempre me recordaba:
“Gabriel, yo no puedo diferenciar a tus hijas solo
porque una de ellas sea mi ahijada; siempre tengo presente el recuerdo de lo
mal que lo pasaste, cuando el tío Paco venía a felicitarnos y solo venía con un
regalo para mí”
