CINCO HORAS CON MARIO



                            CINCO HORAS CON MARIO                                            4/05/2020



 







--¿Rosa, lo tienes claro?, le pregunta Maribel, 

--Si, estate tranquila, le contesta Rosa a su amiga.

--¿Eres consciente del cambio? ¿Piensa un poco más?, estabas acostumbrada a vivir otra vida tan diferente,  vas a dar  un giro muy grande en tu vida

--Tranquila, sabes perfectamente que en este momento, voy a hacer lo mejor, me tengo que marchar ¡¡ aquí  me ahogo!! Le contesta  Rosa.

--Pero también sabes que me dejas muy intranquila, irte a un pueblo que es prácticamente una aldea a mi me crea muchas dudas le comenta  Maribel.

 –No seas pesada, sé te olvida que nací allí, se lo que me espera,  he llevado otro nivel de vida pero precisamente  por eso me voy,  lo  quiero cambiar.

El tren estaba entrando en la estación de Valladolid, y allí estaba como un clavo  Guillermo esperándome para llevarme a casa. Mi hermano llevaba desde siempre las labores de la finca, fue la razón para que  mis padres al morir en testamento le dejaran la casa familiar en usufructo. El nos pasaba a mi hermana Mari-Cruz y a mí las correspondientes rentas. Mi pueblo  se llama Curiel del Duero nos quedaba  todavía un pequeño recorrido,  era un pueblo  muy pequeño,  con muy poquitos habitantes, típico y semejante a otros muchos de Castilla me llevaba con mi hermano doce años  y  aún en la distancia siempre habíamos  estado muy compenetrados. Estaría muy bien con él.

Habían ido pasando los días, Rosa llevaba una vida muy  normal,  leía mucho, iba a misa, escribía y sobre todo estaba tranquila, la verdad es que necesitaba muy poco, salía a pasear mucho siempre con su libro bajo el brazo. Se sentía verdaderamente feliz, paseaba por los caminos, contemplaba los campos, respiraba  por aquellos parajes, solo con eso se encontraba bien.

Una de las mañanas caminaba junto a la orilla del rio y   me encontré   con un señor bastante mayor, nos  saludamos sin conocernos  ---en los pueblos somos así, sus gentes no necesitan conocerse--, todo el mundo se saluda,  tienen esa forma de actuar privilegio que tienen estas buenas gentes a diferencia nosotros los que  vivimos en  las grandes ciudades..

--Buenos días. ¿Qué dando una vueltecita? – Sí, le contesta ella

--¿Cómo te llamas? –Rosa.

--Yo soy Miguel, --¿Has visto que mañana tan bonita tenemos?—Sí, es cierto que está muy bonita  le contesta ella.

--¿Vives por aquí? ¿No te había visto antes? --Le pregunta Miguel

-- Sí vivo, con mi hermano, he venido a pasar una temporada. --¿Y Usted? 

--Por favor, tutéame que si no me haces más mayor,  –le contesta Miguel, yo estoy un poco “pachucho” me estoy reponiendo de una pequeña intervención vivo en aquella casa que está en lo alto de aquel cerro.

Muchas mañanas coincidíamos  cuando salía al paseo e íbamos charlando animadamente.
--¿Estas casada Rosa?

 __No, estoy viuda desde hace 3 meses.  --¿Hijos?  -- se interesó Miguel.

 --Dos viviendo con sus familias, uno en Inglaterra y el otro en Canadá, le responde Rosa.

--¿Y cómo te encuentras? Le pregunta Miguel. --Divinamente, no me encontraba tan  bien desde hace tanto tiempo… Le contesta Rosa.

--¿No estás afectada después de la muerte de tu marido? Le pregunta Miguel
 -¿No?   ¿Qué triste, verdad?-–le replica Rosa, Miguel escucha y no contesta nada.
Fueron pasando los días, me resultaba muy fácil charlar con él; así comenzó nuestra amistad, nos sentíamos bien comentando de todo,  poco a poco fuimos tomando confianza
--¿Te gusta leer, siempre que te veo, llevas un libro bajo el brazo? ----Si,  me gusta mucho desde siempre me ha hecho  mucha compañía, Rosa se decide por fin y le comenta,  no te extrañaras  si te digo que sé quién eres

-- ¿Quién soy yo, según tú?

–Eres un escritor muy célebre  y te llamas Miguel Delibes, le comenta Rosa. --Además he leído algunos de tus libros.

--¿Has sido feliz en tu matrimonio? –le pregunta Miguel de pronto, porque  no le apetece hablar de él.

--No, he vivido en una jaula de oro…. De pronto me encontré, viuda y relativamente   sola…
--Tengo  una curiosidad Rosa, creó que eres una gran persona, comenta Miguel, si te apetece…  posiblemente te vendría bien descargarte puede que te pese mucho esa mochila…

--Es tan largo de contar. --Yo me case muy enamorada  a medida que iba hablando en un momento me  olvidé  de Miguel,  estaba  tan ensimismada en mis  pensamientos, yo me vía  delante del cuerpo presente de mí marido –Miguel la escuchaba y la dejaba hablar…       

-- Paco recuerdas lo que comentamos cuando nos casamos que  llegaría el día en que uno de los dos se moriría el primero, y mira por  donde te ha tocado a ti,  cuánto amor  te tuve y con el paso de los años como me fuiste defraudando. ¿Qué tú también me quisiste?  ¿Claro pero a tu manera? Veras si no recuerdo mal,  no te importe demasiado. Cuando iniciamos nuestra vida en común, estábamos tan enamorados –que tiempo más bonito y también cuando nacieron nuestros hijos pero después como en todo lo demás;  tú a lo tuyo--.
En los días siguientes Rosa iba desgranando su vida  por capítulos a su  fiel oyente  que seguía  a su lado, terminaba siempre igual, se evadía y  olvidaba que tenía a su lado a Miguel escuchándola volvía de nuevo a sus recuerdos; se situaba  en aquellas tremendas horas junto a su marido.

--Me ofreciste una buena vida, eso no lo puedo negar,  magnifico nivel,  lujos, amistades muy  importantes,  un mundo que no conocía pero… ¿Sí? ¿A qué precio? Te lo preguntaste, ¿No creo? Yo también tenía una carrera no tan maravillosa como la tuya y seguramente también como tú, hubiera conseguido prosperar, tú me cortaste las alas, renuncié  a todo por seguirte a ti. Me  acostumbré y  me fui  convirtiendo en tu perrito faldero, tú  decidías por los dos.

--Me permitiste vivir en una jaula de oro, con todo lo que se puede comprar con dinero y con eso lo compensabas ¿Verdad?  Olvidaste que en casa,  solo contaba tu criterio. ¿Te preguntaste en alguna ocasión, si  yo también tendría algo que decir?  ¿No?,  que  anulada que me hiciste sentir.

Miguel sigue  escuchando la historia de su amiga. No lo puedo remediar como en una película, vuelvo una y otra vez a aquellos terribles días.

--Todos tenemos defectos y virtudes;  si naturalmente  que eras una buena persona, buen marido, buen padre, amigos que te querían también  admirado principalmente en el mundo empresarial ¿duda ninguna?  Nos relacionábamos, divinamente, --yo siempre a tu lado acompañándote-- tú  tan  orgulloso estabas en tu papel de hombre importante pero… ¿En qué momento?  fui  consciente de que estaba dejando de ser YO para convertirme en la Señora de Echegaray,  lo vi  tan claro, ya no tenía remedió, --no me ajusto a la realidad--, si tenía remedio, solo que no lo resolví. No di el paso de abandonarte, ¡¡Seguro!! Es uno de  los problemas que tiene una mujer que depende económicamente de su marido, tienes que hacer frente a muchos inconvenientes, te has acostumbrado a llevar un buen  nivel de vida  y me decía a mí misma, total no eras tan malo y  decidí continuar, no tuve mala vida pero buena tampoco si vieras en cuantos momentos me acordé de lo que me dijo mi hermana, la víspera de nuestra boda.

--¿No te entiendo Rosa? como estás tan loca por este hombre, estás a tiempo no te cases, no te merece tiene un punto que no me convence. –Nuestros padres pusieron el grito en el cielo ¡¡Qué dices, niña!! –Si es un partidazo.

No sé cómo me viene a la  memoria ahora, no volví a saber de Miguel, retome mi vida de nuevo y no llegamos a despedirnos siquiera. Pasaron los años y me olvide de esta historia, hasta que mi hermano me envió  una carta que contenía un paquete,  Rosa lo me  dejaron para ti, me  llego sin  remite cuando lo abrí,  era un libro titulado:

 CINCO HORAS CON MARIO autor Miguel Delibes, con una dedicatoria: “Para Rosa con mucho cariño para mi  amiga y compañera de nuestros paseos matinales”.
Uno de los libros más importantes que escribió este célebre escritor.la vida de Mario Diez Collado y María del Carmen Sotillo, este libro se convirtió en una obra de teatro, interpretado por la excelente actriz LOLA HERRERA. Y yo me vi reflejada en ella.

                      Amelia Glez. Luengo






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