Título: UN BUEN SUSTO Noviembre del 2022
Salí de la cafetería muy contenta, a mi tomarme un cafecito con mis amigas me levanta la moral. Charlamos de todo, intercambiamos ideas hablamos de todo el mundo, le dimos una vuelta a un montón de temas y al final no arreglamos nada porque el mundo y sus problemas se quedaron igual, pero a nosotras, Ali, Merce, Paquí y yo nos sienta la mar de bien y nos volvemos a casa la mar de contentas.
Se me había hecho un poco tarde, volvía por el mismo camino de siempre, para llegar a casa tengo la costumbre de atravesar un parque —por no dar toda la vuelta— y así acorto el recorrido. Aquella tarde-noche estaba muy oscura y observe que era un pelín diferente porque algo me mosqueo, no puedo precisar que era pero tenía esa sensación. El parque está poblado de arboles antiquísimos, muy altos y muy frondosos y la verdad es que de noche impresiona un poco. Tanto es así que alguno de mis vecinos no se atreven a utilizarlo de noche, aunque de día es diferente sin ningún problema. Era lo que Iba pensándolo yo en ese momento.
— ¿Mira que soy torpe? —No tengo arreglo me dije a mí misma, Debí elegir el camino más largo y sobre todo el más transitado una cosa es que no sea miedosa y otra es que sea una inconsciente Con esa reflexión apreté el paso poniendo más atención a los ruidos porque continuaba teniendo la misma sensación. Al final salí a la calle principal por la que transitaba más gente y me quede más tranquila. Y me hice este razonamiento.
— ¿A ver, quién puede querer hacerte mal a ti? —si soy una persona de lo más normal, pero mi cabeza no paraba de dar vueltas, y en un momento concreto se me encendió la bombilla.
—¡¡Elisa!! —Está sí que no me quiere nada bien, será posible que está imbécil me siga guardando rencor.
No lo había pensado pero claro que puede ser ella, si al final va a salirse con la suya porque me la tiene jurada desde hace tantos años, mira que yo, ya lo tenía superado, y recordé el percance:
“La trastada que la hice fue gorda porque sé que se la jugué bien. Ella y todos me hicieron responsable de su cojera --sabían que nos llevábamos a matar-- La muy idiota se creía que montaba mejor que yo con la bici, eso sí reconozco que fui un poquito mala. En su recorrido la puse dos piedras delante en el camino que sabía que estábamos recorriendo, Elisa se cayó y se rompió una pierna, como se la arreglaron mal pues me echaron a mí la culpa, porque al final la quedó una pequeña cojera. Pues nada digo yo que se la hubieran arreglado bien yo no tengo la culpa a mí que me cuentan… Éramos muy pequeñas, tendríamos las dos unos ocho años. No nos podíamos ver y nos obligaban a jugar juntas porque nuestros padres eran amigos. La culpa la tuvieron los mayores porque nosotras no nos tragábamos y después de aquello a mí me frieron, vamos me achicharraron y no me quiero ni acordar, me callo la del pulpo, me inflaron a tortas, mi padre me mando un año a un colegio interno y Elisa me juró que no se la iba a olvidar y que se lo iba a pagar. Los padres se enfadaron también, eso sí a partir de ahí me volví buena, me convertí en una niña modelo pero ese año fue horroroso”.
Iba recordando todo ese episodio, cuando de golpe alquilen se me echó encima, va me tapa los ojos y me dice:
--¿A que no sabes quién soy?
Yo que iba un poco justita deseando llegar a mi casa porque necesitaba un baño. Excuso deciros que con el susto me mee encima. Y la voz seguía y seguía.
— ¿Venga, venga adivina? —Sigue insistiendo la voz y María contesta un tanto desconcertada.
— ¿Elisa? —A pesar de pronunciar su nombre, supe de inmediato que no era ella, tengo claro que no me habría tapado los ojos, me habría dado un golpe en la cabeza bien fuerte con lo que tuviera a mano, para hacerme el más daño posible pero, aún así, yo me dije un poco más tranquila, esta voz no parece estar enfadada, y dentro de la situación tan mala me calme un poco, me puse a soltar nombres y cuando mi atacante se canso me pregunto:
— ¿No lo adivinas, no lo adivinas?
— Soy tu prima Esperanza y me he dicho voy a gastarte una broma, fíjate llevo siguiéndote un buen rato y no te has dado ni cuenta.
— ¿No te abre asustado verdad? —pregunta Esperanza tan tranquila.
— ¡Que no me he dado cuenta, claro que sí! Ya lo creo que me he dado cuenta y naturalmente que me has asustado, pero tú eres imbécil o qué, estás loca, tu cabeza no te funciona, eres subnormal, serás idiota, ni prima ni nada, y aquí ya sí que no pude contenerme y la dije todo lo que se me ocurrió en ese momento ella comienza a disculparse.
—Prima, no te pongas así conmigo que no es para tanto si solo ha sido una bromita.
—Pues le haces la bromita a tu madre, que es mi tía. Me has pegado un susto morrocotudo y ahora déjame tranquila por favor, ya hablaremos mañana, porque en este momento no te aguanto ni un pelo.
Amelia Glez. Luengo
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