IVÁN Y SU PROBLEMA                                            28 de Febrero de 2023



Aquella mañana Maite nos dijo:

    —Me tiene un poco preocupada mi hijo Iván.

    — ¿Por qué? ¿Qué le notas? —le pregunta su amiga María.

    —Maite le respondió a ella y al resto de sus amigas, está muy delgado

    —Bah… eso es que está creciendo, Marisa otra de las amigas refuerza su teoría retándole importancia.

    —Ya… pero insiste Maite, estoy un poco intranquila, un sexto sentido la decía que algo no estaba encajando.


Maite, María, Marisa y Belén acudían todas las mañanas a la Facultad de Magisterio, las habían admitido después de un examen especial que realizaba la facultad para personas mayores de cuarenta y cinco años. Estaban tan orgullosas ellas. Tenían que saber administrar muy bien su tiempo pues las horas se les quedaban cortas para tantos quehaceres, casas, trabajos, maridos, hijos y padres mayores con tantas necesidades. Pero, todo ello lo daban por bien empleado estaban felicites. Llevaban juntas ya varios años no sabían si lo conseguirían o no pero habían decidido que no iban a dejar de intentarlo. Todo este esfuerzo extra lo asumían las cuatro gustosamente. Tenían diferencias de opinión cuando conversaban por diferentes temas, y en alguna ocasión ya habían tenido algún problemilla, decidieron por consenso que para evitar males mayores no se iban a tocar ni la política ni la religión, las cuatro comentaban de pasada la actualidad del día a día y más o menos llegaban siempre al mismo o parecido tema, emergían las quejas sobre sus maridos y naturalmente terminaban con los pormenores de sus hijos.

A los pocos días de esta fecha me comunicaron que a Iván le habían ingresado en el Hospital. Parece ser que el joven se desmayo al salir del baño en su casa, y como no reaccionaba lo trasladaron urgentemente. Marisa se lo estaba comentando a María y a Belén, también le dijo que después de hacerle las pruebas pertinentes en Urgencias a su hermano el Doctor de guardia que le atendió y con muy poco tacto les comunico a los padres lo siguiente:

—Con todos los respetos, pero ustedes no han atendido suficientemente bien a su hijo, porque tenemos delante un caso clarísimo de Anorexia en un grado muy importante, y, sus consecuencias las iremos conociendo cuando le sometamos a las diferentes pruebas que, a su vez serán más concluyentes. Me lo contó Ventura el hermano mayor de Iván y también me dijo que si no la sujeta su padre, su madre se cae redonda al suelo de la impresión.

Iván tenía catorce años y era el tercero de los cuatro hijos (todos varones) iba al mismo instituto que sus hermanos mayores, estos eran muy buenos estudiantes. Sufría desde el primer día por parte de los profesores la tan comentada e injusta comparación. Porque, ese prestigio tan bien ganado por sus hermanos le perjudicaba a Iván que arrastraba peores notas, era muy diferente, menos atractivo, bastante más bajo, con unos cuantos kilos de más, el pelo muy negro y ensortijado con la tez un poco más oscura, en alguna ocasión le habían llamado “morito". Y así se fraguó la enfermedad. Llevaba muchos años sufriendo el acoso de sus compañeros unido a la decepción de un amigo intimo que le había dejado al margen, sentía que ha hurtadillas se estaban mofando de él. Se sentía rechazado por todos así como las chanzas incluidas las de sus propios hermanos, que sucedían principalmente en casa y en la mesa, juntos en familia le gastaban todo tipo de bromas. Cuando les pidieron explicaciones a los hermanos ellos alegaron que lo hacían para — hacerle más fuerte—, fueron conscientes del error cuando se destapó la enfermedad, comprobando el perjuicio que le habían estado creando entre todos. Tampoco supieron advertir la obsesión de él por desprenderse de cada uno de los gramos que estaba ingiriendo en la comida y nadie se dio cuenta cuando abandonaba la mesa y se dirigía al baño, como se iban a imaginar que allí vomitaba todos los alimentos, añadido a esto, estaba esa obsesión por no perderse ni un día su entrenamiento porque Iván formaba parte del equipo de atletismo del Instituto, más o menos así se lo relato al psicólogo del hospital cuando le pidió explicaciones sobre su comportamiento, para poder ayudarle.

Maite ahora se sentía muy mal cuando recordaba lo orgullosa que se sentía de él cuando, en el equipo de Atletismo figuraba entre los cinco primeros, no fue capaz de advertir cuanto se estaba esforzando con tanto ejercicio.

Nosotros vivimos muy de cerca el pesar de esta familia hasta que, consiguieron sacar adelante al joven Iván de esta enfermedad tan tremenda también supimos cuanto sufrieron con él, principalmente sus padres, hermanos, compañeros, profesores y amigos. Con un tiempo prudencial después de un largo tratamiento de psicología y sobre todo con la ayuda familiar este muchacho lo consiguió. Se convirtió es lo que es hoy un Veterinario excelente tiene su propia clínica disfruta con sus animales y lleva una vida normal.


                                                             Amelia Glez. Luengo




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