La noche más importante del año es: "La cena de Nochebuena"


Almudena y Carmen estaban agotadas descansando. Había salido el último invitado por la puerta y se disponían a comentar los pormenores de la memorable noche que acababan de pasar con todos ellos. Estas dos hermanas llevaban años reuniendo, concretamente este año a 24 comensales (todos familia), en la noche de Nochebuena y naturalmente la comida del día de Navidad. Se había celebrado igual que todos los año s anteriores en casa de Almudena. Estaban los tres en un saloncillo que les resultaba muy acogedor. De todas las estancias de la casa de su hermana, Carmen y su marido está era una de las dependencias donde se sentían más cómodos.


Estaba situada con vistas al jardín y a ese encantador invernadero que contenía una serie de flores exóticas, esta vista tenía delante una terraza inmensa acristalada y perfectamente acomodada para la celebración anual. Eran las mismas vistas de las que disfrutamos mi marido y yo, porque es la habitación que nos tiene asignada para cuando venimos a visitarla. Conseguían verse varias veces al año porque una vivía en Alicante y Carmen en Madrid. Pero en estas fechas lo hacíamos con mucha más antelación. Desde meses atrás ya estábamos inmersas y preparando todo lo necesario para que no faltara nada en esa noche, decididas como años anteriores a preparar con ilusión las fiestas navideñas.


Marina, se sentía muy feliz cuando llegaban estas fiestas con sus 28 años. Viendo aparecer por su casa a todos, tíos, primos, novios. Más la gente menuda con los que tenía un afecto especial. De todos ellos eran a los niños a los que recibía con especial agrado. Ella, muy a su pesar, era hija única, —las peticiones a sus padres para dejar de serlo no habían obtenido ningún resultado—. A su madre la servía de muy poco su hija en estas fechas porque cuando reclamaba su ayuda, Marina hacía oídos sordos y le replicaba siempre lo mismo.

—¿Ves como me ayudan tu tía Carmen y tus primas? ¿no te preocupa? Sigue preguntando a su hija.

—¿A mi no me culpes del exceso de trabajo que tienes con este "fiestorro" que te montas todos los

años?

—Reconozco que resulta una velada preciosa, de lo más divertida, el resultado termina siendo genial, porque yo me lo paso muy bien, pero no es mi guerra, es de tita Carmen y de la tuya, la contesta Marina. 

Resultaban unas fiestas muy entrañables, pero era una barbaridad lo que teníamos que preparar. Almudena contaba siempre que con lo previsora que era Carmen cuando aparecía en su casa era tremendo todo lo que, traía consigo, venía cargada a tope con todo lo que consideraba necesario. Su ayuda era muy importante, contaba también con Alicia y Esther, sus dos sobrinas que a la vista del número tan considerable de comensales, todos los años se adelantaban un día antes (sus maridos y los niños llegaban el mismo día 24) pero ellas ayudaban a compartir los preparativos. Vivían en Valencia y era una suerte que se alojaran en casa de otro de sus tíos que también vivían en Alicante, otros tres comensales que se añadían a la cena naturalmente.


Los tres hijos de Carmen con sus familias se instalaban en casa de su tía Almudena, solo ellos eran diez y había que añadir al novio de Marina que también se alojaba en la casa. Solo eso representaba un trabajo extra; la distribución de las habitaciones era un pequeño caos.

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Era admirable observar que, a medida que avanzaba la tarde/noche. Marina se ocupaba de recibir a todos los familiares y se portaba maravillosamente ante la cena de Nochevieja. Mostrándose encantadora, simpática, agradable en grado sumo con todos ellos, principalmente con los niños, porque como maestra de ceremonias no tenía precio y Carmen escucha paciente esta queja de su hermana todos los años. Estaba cansada de decirle que no servía de nada. Que su sobrina había decidido no participar en la preparación de lo que ella denominaba un "fiestorro", que conseguía todos los años quedarse al margen, ella no debía sentirse mal porque no existía ningún problema.


Y todos los años sucedía lo mismo, la anfitriona, en plena celebración de la cena de Nochebuena, cuando estaban sentados todos a la mesa, con cierta gracia les comentaba:

—No hay ningún compromiso en el momento en que decidáis no acudir, estáis todos disculpados.

Pero no conseguía nada porque aquí no se desmarcaba nadie.

—Tita, tú no sufras, comentaba uno de ellos. Que te vamos a acompañar toda la vida, y haremos lo imposible por venir, no permitiremos que os encontréis solos en unas fechas semejantes. Ante esta frase, la risa era general.

—¡Por Dios, tía! ¡Esta cena! ¡Esta noche! —-contesta una de sus sobrinas, acudir a tu casa con

mesa y mantel, como nos vamos a perder el espíritu navideño que se respira en tu casa, por nada del mundo vamos a dejar de acompañaros… 


Las hermanas rememoran todos los detalles. Tus sobrinas le recuerda Carmen cómo se ocuparon de la decoración de la casa, adornaron la mesa, prepararon los dulces, incluir los detalles que ofrecen a todos los invitados y las golosinas para los niños. Nos resultó de gran ayuda y son encantadoras. Fue un acierto encargar el cordero y el marisco y sobre todo no tener que ir a recogerlo, nos ahorró mucho tiempo y trabajo. Estábamos agotadas de cuanto hemos trabajado, comprado, guisado, pero todo lo damos por bien empleado. Otro acierto fue contratar al animador para los niños —en principio era para ellos—, pero después terminamos todos cantando los villancicos con él.


Otro momento muy bonito fue, cuando el novio de Marina se puso en pie, levantó una copa y con una cucharilla le dio unos pequeños toques, llamando así la atención al resto. Pidió aclamar a todos una a la anfitriona con un ¡viva!, ¡bravo!, ¡hurra!, con una ovación y una alegría desbordante, gritando todos a coro. La cena resulto perfecta. —¡Qué noche tan bonita!, pero ¿ recuerdas Carmen lo que comentaba mamá?


—¡Qué ilusión veros aparecer a todos esta noche!, pero que tranquilidad cuando os marcháis.


Nada, Almudena, que a la vista de los resultados. Esta tribu no se nos despega ni con agua caliente. El año que viene tenemos que continuar igual.

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