FELIX Marzo del año 2022
Aquel domingo me había
comprometido a ir a comer con mamá. Tenía un presentimiento, el sexto sentido me decía que mi madre necesitaba algo
más de mí, porque había insistido demasiado. Al llegar a casa me recibió
nuestra fiel Ramona, comiéndome a besos como siempre. “Pero que orgullosa estoy
yo de mi niña” ----me dijo---- “Tú mamá está en el porche leyendo”.
Yo era propietaria de dos
tiendas de moda en Madrid y un taller con siete oficialas, una cortadora y dos aprendizas. Tenía un cierto prestigio en
la profesión y con el tiempo había
conseguido un buen elenco de clientas con
mucho nivel.
— ¿Qué tal estás, hija? ---- Preguntó María a su hija.
— Muy liada ---- contestó ADA---- Pero sabes que siempre tengo un hueco para
ti.
Después del almuerzo, al
final mamá “cantó”.
Tenía una amiga de toda la
vida, Elvirita, y me pidió, más bien me rogó, que empleara a su nieto. Un joven
con una discapacidad. Era esquizofrénico trastorno compulsivo (TOC) leve y muy bien controlado, con el tratamiento adecuado no ofrecía ningún problema.
— En una de tus
tiendas o en lo que sea ----me dijo
exactamente.
Intenté negarme pero no lo
conseguí, mamá es muy tenaz cuando reclama algo, insiste hasta la saciedad. Me explicó que
Félix tenía diecisiete años, había nacido así. Pero que era muy pacifico, buenísimo,
eso sí tenía un nivel de comprensión muy bajo. En fin,
que salí de casa de mamá con un empleado más.
Comencé la semana y se
inició la rutina del trabajo, que dicho sea de paso, me encantaba, pero con la responsabilidad que ello comportaba.
Estaba feliz, aunque debía
ocuparme de las relaciones públicas, elegir las telas, los componentes
necesarios, acudir a los desfiles de moda
--para estar al día con las
últimas tendencias--, distribuir el trabajo, realizar las pruebas en el
salón, y alguna que otra vez en el domicilio de alguna clienta. Resumiendo,
estar pendiente de todo. Pero lo más agotador era cumplir con las fechas.
Tantas veces ocurría --como en el último
encargo--, que tenía que vestir a la novia, madrina, madre, hermanas de la
novia, alguna tía y primas. Esto sucedía en más de una ocasión, y debía dedicarles
un tiempo adicional en el salón, cuando teníamos que realizar las pruebas,
porque con este público había que actuar
así.
— ADA, ¿para qué nos va a servir este joven que te has
traído? ¿Tienes claro que nos puede enredar más que ayudar? —. Me preguntó Carmen una de mis oficialas.
— Sí Carmen, lo sé. Pero no le he podido negar esto a
mamá, es un compromiso que ha adquirido ella y me lo ha colocado a mí. Me
promete que es muy bueno, dócil y
obediente, pero te pido por favor que te ocupes de que solo realice pequeños
recados para todo el taller, que corte hilos, realice trabajos menores… Vamos, lo que vayáis necesitando todas. Pero tenlo
muy claro, por favor, porque es un joven muy especial.
— Tranquila, lo haremos así y ya iremos viendo que juego nos da…
Llevaba Félix trabajando
seis meses en el taller, era un joven dispuesto, se portaba muy bien, acudía presto
para facilitarlas todo lo que le pedían, realizaba tareas muy sencillas y las
costureras estaban muy contentas con él.
Cuando sonó el teléfono y
escuché la voz de Carmen, por su tono de voz me preocupé.
— ADA, vente para el taller enseguida.
— ¿Qué pasa?
— Prefiero no contártelo por teléfono — me contestó Carmen—. Pero no tardes, por favor, y date mucha
prisa.
Tenía delante el vestido de
la novia, cuando ya habíamos realizado hasta la última prueba— ¡Lo teníamos solo
para rematar! ¡Este desaguisado no se puede arreglar! ¡¡Te lo has cargado!!
— ¡Maldigo el día en que te contraté! Si pudiera, te mataría con mis propias manos en
este preciso momento. Te vas a enterar
cuando se termine el traje. Ya hablaremos. De momento… ¡Quítate de mi vista!
Seguidamente me situé en el
centro del taller, di tres palmadas y reclamé atención:
—En los dos días que faltan para la entrega, de aquí no
se mueve nadie, ni de noche ni de día. ¡¡¿Entendéis?!! Y va por todas, porque
estamos ante un gran desastre. Este vestido vale una fortuna y hay que recomponerlo entero. Id llamando a
vuestras casas, se os facilitará todo lo que necesitéis, pero por Dios que me
tenéis que ayudar para salir de ésta.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-
—Yo… a ADA la quiero mucho, es mi amiga, y también de mi
abuela y se ha portado siempre muy bien conmigo.
— ¿Pero eso que tiene que ver? — Le preguntan.
—Sí, yo hacía todo lo que me mandaban, y como ella la
quería matar, pues eso, lo hice yo…
Amelia Glez Luengo
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