CAROLINA, MALENA Y MATILDE Febrero del 2022
Carolina podría decirse que era una
joven guapa, alta rubia, con el cabello largo y muy bien cuidado, con ojos color azul cielo y
sonrisa cautivadora, llevaba siempre sus uñas impecables, presumía de llevar la
vestimenta adecuada, por todo ello, acudía
siempre perfectamente arreglada, también era una mujer muy coqueta, ya
había rebasado de largo los 40 años, de un trato agradable, tenía
don de gentes, ello era muy importante, porque gracias a esa cualidad
era muy apreciada por sus jefes inmediatos. La Compañía de Seguros había decidido abrir cinco sucursales en:
Torrelavega, Santillana del Mar, los Corrales de Buelna, San Vicente de
la Barquera y en la Vega del Pas, alguno de los pueblos más
representativos y de los más importantes de la provincia. Y la eligió a
ella para poner en marcha los cinco centros, y formar a los nuevos agentes. Era
muy trabajadora, generosa, había luchado mucho, esforzándose al máximo. Y en la
primera oportunidad que había surgido le habían compensado gratamente,
ofreciéndole esta oportunidad, Desde que se inició en el mundo laboral, tenía muy claro que debía prosperar en la
vida.
. Malena regentaba la
farmacia de la familia, estaba situada en el céntrico Paseo de
Pereda en Santander. Ella acababa de cumplir los 50 años, viuda y sin
hijos, estaba también por decisión propia al cargo y cuidado de su
anciano padre.—naturalmente que sus hermanos estaban encantados con su
decisión-- Era una mujer muy culta, había cursado, estudios universitarios
disponía de la titulación en Farmacia, desde muy jovencita tenía por norma
dedicarse un tiempo importante a su cuidado personal, acudía
siempre muy bien maquillada, mujer de
tez muy morena, tenía el pelo negro, ojos de color castaño, el pelo lo llevaba cortado a media melena, pero
acostumbraba a llevarlo siempre recogido porque era consciente que así conseguía
ofrecer una imagen mejor a través
del mostrador –más seriedad--.. Sabía sacarle partido a su palmito, le gustaba llevar siempre unos zapatos con una
altura importante porque también aquí disimulaba su poca estatura
1,54 centímetros, no le faltaba amabilidad y estaba dotada de una paciencia
infinita, cualidad muy apreciada para el trabajo que desempeñaba. Se
consideraba responsable, muy juiciosa, pero, también era muy reservada para sus
propios asuntos, en cambio para la atención al público por el contrario era muy extrovertida.
Carolina como buena
vendedora de seguros, no desperdiciaba ninguna ocasión y decidió
aprovechar la oportunidad, de captar un nuevo asegurado. Al entablar relación
con Malena, ofreció sus servicios a su
nueva amiga con muy buenas condiciones que Malena naturalmente no rechazo. Y con estos pequeños detalles se fue consolidando
su reciente amistad. En un momento concreto y ante una taza de café
le comento a su amiga que tenía pendiente una visita a
Matilde. Una prima de su madre a la que ella
había conocido años atrás, en un
viaje que realizo su tía segunda a Madrid cuando acudió a visitar a su
madre.
Matilde llevaba muy bien
sus 73 años, se encontraba bien de salud, muy ágil, era una mujer muy trabajadora, tenía
poca estatura pesaba unos
50 Kg, tenía el cabello muy corto y completamente blanco,
persona muy familiar, muy amiga
de sus amigos, buena conversadora, desde siempre había sido muy servicial para
todo el que la necesitara, con un carácter muy optimista, era de esas personas que
transmiten alegría, pero… en el momento actual
estaba resignada con su suerte. Desde hace ya muchos años había ido
perdiendo la visión y estaba prácticamente ciega, con esta minusvalía tenía un
defecto: No se dejaba ayudar con las tareas domesticas, algo que sus hijos no llevaban
nada bien.
Después de un tiempo,
Carolina encontró un hueco al fin. Y fue a visitar a Matilde, sabia por su madre que tenía un problema de
visión importante –una de las enfermedades de la macula, en un grado muy
importante --, pero no contaba con encontrarse con esta mujer, y su
impresionante discapacidad. Ella vivía frente
a la Bahía de Santander en un pueblo muy característico llamado Santoña, tenía enfrente el embarcadero
del puerto pesquero, dotado con sus pasarelas de acceso para entrar y salir las
pequeñas barcas, barquitos algo más
grandes, tablas de surf, traineras, motos acuáticas, piraguas etc.
Carolina con lo que se encontró fue con una persona casi ciega, le conto que
tenía un porcentaje de visión según ella relataba de aproximadamente un 15%
únicamente, muy contenta la
informo que se encontraba muy bien de salud, también le dijo que
vivía sola, y que se arreglaba
perfectamente. Ella la observo a partir de ese momento y descubrió que se
desenvolvía por la casa sin ningún problema, llevaba viviendo en el mismo
domicilio toda la vida, eso le permitía conocer su casa a la perfección, la
llamo mucho la atención ver cómo era tan consciente de su gran problema, porque debido a todo ello era súper
cuidadosa, tanto es así que se permitía hacerse una cocina
sencilla para ella misma sin ayuda. Ente ella y sus hijos en su momento
se ocuparon de facilitarle todo lo necesario, proporcionándola todos los
utensilios imprescindibles, los
tenía muy controlados, y se encargaron de que los tuviera perfectamente
localizables para poder cocinar.
Cuando Carolina cuando abandono la vivienda
estaba realmente impresionada y se prometió volver a visitarla de
nuevo. En principio se había prometido hacerla una visita de cortesía ante la
insistencia de su madre nada más; pero al verla cambio su perspectiva.
— ¿Qué tal te fue con tu
visita? --le preguntó a Malena cuando volvieron a encontrarse.
—Me lleve una sorpresa muy
grande le contestó. Me encontré a una mujer feliz, muy valiente con
ese problema tan tremendo, y me
maravillo ver como se desenvuelve sola, si vieras lo alegre que es,
--de estas personas mayores encantadoras--, al salir coincidí en el
ascensor con una vecina de su descansillo y me dijo que se la oye cantar
mientras está haciendo sus labores en la casa, es realmente admirable. Malena la escuchaba
con mucha atención, y fue interesándose
por el tema a medida que se lo iba relatando su amiga.
— ¿Y con ese
problema, no tiene ayuda de nadie?
— ¡¡Naturalmente, que sí!! La contesta Carolina, la conocen y la ayuda todo el pueblo.
Tal fue el interés de
Carolina que encontró un hueco de nuevo y volvió a visitarla. Sabía por Matilde
que solo salía por las mañanas, también a muy primeras horas de la tarde
antes de que se fuera apagando la luz solar.
Matilde en esta segunda
visita le conto que sus hijos vivían fuera, que su hija vivía en
Bruselas, y que pertenecía a la Oficina de Técnicos de Proyectos Europeos
por la provincia de Santander, disponían también de una oficina aquí. Por todo ello su hija trabaja indistintamente en un
lugar u en otro. Le contó que vivía con ella cuando se lo permitía su trabajo.
Pero que se pasaba largas temporadas viviendo sola y su otro hijo vivía en Madrid, --demasiada distancia— pero que la
compensaba llamándola una y dos veces al
día. Que se desplaza siempre que su madre la necesita (pero con un tema importante), ella cuenta
con sus dos hijos para facilitarla la vida a todos los niveles, pero vive
sola….
Le explicó que hacía ya unos años que su
hija la llevo a la Organización Nacional de Ciegos (ONCE) allí la
trataron, y tiene que acudir a cada cierto tiempo para que la sigan
controlando, en el centro se encontró con amigas con problemas mayores o similares
al suyo. Es sabido que cuando se pierde un sentido, generalmente se
desarrolla otro, y cuando el problema es
de visión, el oído se convierte en
importantísimo, porque les facilita
mucho la vida. Le relató que al principio le costó mucho aceptar, cuando la
Organización le facilito el bastón blanco que a su vez les proporcionan a todos
los invidentes, y le instó para que se fuera acostumbrando a él, ella en
principio se negó a utilizarlo –en aquella época ella veía mejor—pero al
final la convencieron, asegurándole
que, en principio sí era cierto que se
valía por sí misma, pero ante una contingencia imprevisible, donde había que
actuar rápidamente, si no lo usaba no la podría ayudar nadie, y lo harían sin ningún
género de dudas si por el contrario lo
utilizaba, porque su identificación era el bastón blanco.
También le comentó que ella se valía bien porque tenía en la retina
a su pueblo desde siempre y se desenvolvía con ayuda y con relativa facilidad,
por el pueblo, le contó los paseos diarios que se daba, vivía frente al
mar, y realizaba un recorrido fijo,
tenía controladas 10 vueltas por el paseo frente a su casa diariamente,
que a su vez era el acceso al embarque de los pescadores, solo
cruzaba una calle, Matilde afinaba el oído y se asustaban los transeúntes
cuando la veían pasear tranquilamente con su poca visión frente al mar --las
personas que transitaban y que naturalmente
no la conocían-- pero ella se
guiaba por la línea de bolardos y los bancos que estaban situados a lo largo
del paseo. Subía los domingos a misa y cruzaba una carretera general,
religiosamente por el semáforo y sin ningún problema, contaba también en
el pueblo con una amiga incondicional, era doctora y le resolvía todos
los problemillas que le surgían continuamente, estaba muy agradecida porque le
dijo que en la pandemia no le había faltado de nada. —Malena la comentó:
— ¿Estas
un poco obsesionada con Matilde, me parece a mí? Primero era una simple
visita de compromiso porque te lo había pedido tu madre pero observo que
no se te va de la cabeza, esto se está convirtiendo en algo mas, le
pregunta a su amiga.
—Es verdad, no sé cómo
ayudarla, recuerdo que me dijo que tenía problemas para acudir a las
continuas revisiones, a la consulta de psicología y también cuando quedaba para verse con
sus amigas, también con algún que otro cometido y me contó que aquí si tiene un
problema, cuando va a Santander --con
tantos años conocía muchas de sus calles--pero no se atrevía a ir sola, si
vieras por otro lado, cuando me contaba como viajaba en el autobús, te parecerá mentira que la conocen
todos los conductores de la ruta, un ejemplo: (venga Matilde, prepárate que la próxima parada es la
tuya) es alucinante. Pero cuando va
Santander es diferente, porque al llegar a la estación aquí si tiene un gran
problema y no tiene más remedio que desplazarse en taxi. Verdaderamente no dejo de
pensar en ello. Quedaron las amigas para pensar juntas e intentar encontrar
alguna solución.
Malena se puso en contacto
con una ONG, una Fundación de Ayuda Humanitaria que encontró en Santander
y les plateó el problema. Necesitaba que acudiera una persona a la dársena de
la Estación de Autobuses y la acompañara andando hasta la
Rehabilitación o a la cafetería donde quedaba con sus amigas, como
también algún que otro cometido, y necesitaba que la acompañaran para volver y llevarla de
nuevo a la Estación de Autobuses, desde allí ella se valía solares. No le
prometieron nada en la Organización, pero si le comunicaron que disponían de
personas voluntarias que se ocupaban de diversos menesteres, pero la demanda
que tenían era muy grande, aunque tratarían de ayudarla pero no la prometían
tiempo alguno.
Fueron pasando los días y
la ayuda no llegaba. Con el afán de ayudarla, pasaron las amigas al plan “B”.
Instalaron una hucha en el mostrador de la farmacia con una nota que decía:
Depositarias unas monedas para: AYUDAR A UNA
PERSONA INVIDENTE CON UN PORCENTAJE DE VISION DEL 15 %.
Con el carácter de Malena tan
sentimental ella, explicaba sin descanso a su clientela que querían
ayudar a una mujer ante una necesidad concreta, porque tenían que pagar a una persona para que
hiciese un trabajo provisional hasta que la Fundación pudiera enviar a la
persona solicitada para ello. Consistía en recoger en la estación de autobuses
en la dársela a Matilde y acompañarla donde necesitara y después de un
tiempo prudencial devolverla de nuevo a su autobús.
Naturalmente que el público coopero, se
encontraron con una acogida totalmente inesperada, su clientela se prestó para
ayudarla a conseguirlo. Está demostrado que el pueblo llano se puso en marcha,
que a la vez es el que mejor responde ante una necesidad, máxime si estamos
hablando de una invidente. Se ofrecieron más de un jubilado para ayudar a Matilde, llegaron a
confeccionar una rueda sin ánimo de lucro, hasta que llegaran
tiempos mejores, y se organizaron de forma que uno/una iba a buscarla y otro/otra
acudía a recogerla y dejarla en su parada del autobús. Favoreció mucho que los
clientes de la farmacia eran en su mayoría personas jubiladas – que disponían a
su vez de todo el tiempo del mundo-- Quedo demostrado que es muy generoso, porque cuando tuvieron conocimiento de este problema tan importante, se prestaron los primeros en ayudar. Malena comentó con su padre, como se le había resuelto el problema a Matilde, y su padre le
contesto:
—Hija lo estaba viendo
venir. ¡Cómo no te iban a responder, cuando les pediste ayuda! Precisamente a
ese colectivo, con toda la experiencia que llevan sobre sus espaldas, si llevan
salvando los baches familiares tantos y tantos años, pero si están a la vuelta
de todo. Como van a desaprovechar esta
ocasión para ser útiles.
Y estas dos amigas, al
fin se sintieron recompensadas porque consiguieron aportar su granito de arena y
resolver de momento el problema, de esta mujer tan valiente.
Amelia Glez Luengo
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