Hoy tengo una tarde muy agradable,
voy a tomar café con mis amigas.
Nos reunimos cada de tres o cuatro
meses aproximadamente. Somos las de siempre: África, Piedad, Mª José, Mª Ángeles y yo. Alguna puede faltar, pero intentamos que
no sea así y poder coincidir. Y también en alguna ocasión
se nos añade alguna más, generalmente siempre mujeres.
Y siempre termina en una tertulia-terapia. Es gracioso
porque cuando vuelvo a casa estoy la mar de contenta, he visto a mis amigas.
Somos poco disciplinadas, podemos estar hablando en grupos, solas de dos en dos
y también intervenimos en la
conversación de las otras que están hablando. Así, sin más. Ya sé que de esa
manera no se conversa, pero nosotras lo
hacemos así en muchas ocasiones, sin
preocuparnos y sin pedirnos la palabra.
Venía yo pensando: “¿Desde
cuándo? ¡Cuántos años y cuánto he aprendido de ellas! Principalmente de
África”. ¿Sabéis ese dicho que se conoce familiarmente como “qué bien
amueblada tiene está persona la cabeza”?. Pues África es una de ellas,
continuamente me rectifica --en tantas y tantas ocasiones--¡Ay Amelia! Que las cosas no son
blancas ni negras que hay matices”. Cuánto
he tenido que rectificar con sus comentarios, y claro que me ha ido "dirigiendo" .
Si mi hija la pequeña tiene ahora 40
años, y yo comencé a estudiar cuando ella tenía 4 años, pues hace 36 que las
conocí en el Centro de Adultos. De compañeras fuimos haciéndonos amigas en un
par de años. Pues así por encima los cafecitos los iniciaríamos más o menos
hace unos 33 años aproximadamente. ¿Qué os parece? Creo que podemos decir que
somos fieles, ¿no? Con Mª José, en un
momento de dificultad que se la presentó por un tema familiar y ante un “problemilla”, nos dijo:
“Es que yo como no tengo ninguna hermana, y solo os tengo a vosotras para me ayudéis,
decidme a quien le voy a pedir consejo
si no es a vosotras”.
Y
del resto de mis amigas, yo sé muy bien lo que valen.
Naturalmente le doy muchísima
importancia a la amistad. Cuando entiendo que un amigo o simplemente quien
quiera que sea, me merece la pena porque compartimos los
mismos principios y valores, nos ocupamos de conservar la amistad. Y si
observo en alguna ocasión a alguna persona
y, en algún momento “capto” que no tiene
muchos amigos, me preguntó: ¿No es un poco
sospechoso? Cada uno de nosotros nos
vamos relacionándonos continuamente con todo tipo de personas que nos
son afines, está claro que somos
totalmente distintas de muchas de ellas, pero a mí, me ofrece un poco de duda ese detalle. Naturalmente puedo estar confundida, y tengo muy presente que otras personas opinen lo contrario ! Estaría bueno !
Y cuando paso delante de un café me
encanta ver a todo tipo de gente y pienso: “¡Qué ratos más agradable se pasan y
cuanto reconforta charlar y contar cosas!” Importantes o no, sencillamente
conversar, interesarte, tú por ellos y ellos por ti o simplemente generalizar, compartir
criterios.
Porque tener “un amigo de verdad” eso si que es otra historia. ¡Eso sí que es un lujo! Y me refiero a ese momento concreto de
la vida en el que ese amigo te demuestra lo que de verdad le importas. Cuando
se presenta en tu casa porque cree que lo necesitas y viene a ofrecerte su
ayuda, sin que tú no se lo hayas pedido.
Y otro de los ejemplos es ese en el que otro amigo es el que te dice: “Tú
cuando necesites algo no se lo cuentes a
nadie, pero a mí sí, y entre tú y yo lo arreglamos, ¿vale?”.
Entre mis amigas África tuvo un
percance: la atropelló un coche. Su recuperación fue larga. Está separada, y
con niños dos pequeños. En innumerables
ocasiones nos había comentado:
__Yo prefiero no pensar que estoy
aquí en Madrid; prácticamente sola__.
Pero no se encontró sola, porque nos
tuvo a nosotras, como tenía que ser.
Amelia Glez. Luengo
Amelia Glez. Luengo

No hay comentarios:
Publicar un comentario