ESE CAFECITO

      ESE CAFECITO                                                                                                   24/10/2019

                                                      
Hoy tengo una tarde muy agradable, voy a tomar café con mis amigas.

Nos reunimos cada de tres o cuatro meses aproximadamente. Somos las de siempre: África,  Piedad, Mª José, Mª Ángeles y  yo. Alguna puede faltar, pero intentamos que no sea así  y  poder coincidir. Y también en alguna ocasión se nos añade alguna más, generalmente siempre mujeres.

Y siempre  termina en una tertulia-terapia. Es gracioso porque cuando vuelvo a casa estoy la mar de contenta, he visto a mis amigas. Somos poco disciplinadas, podemos estar hablando en grupos, solas de dos en dos y también intervenimos  en la conversación de las otras que están hablando. Así, sin más. Ya sé que de esa manera  no se conversa, pero nosotras lo hacemos así en muchas ocasiones,  sin preocuparnos y sin pedirnos la palabra.

Venía yo pensando: “¿Desde cuándo? ¡Cuántos años y cuánto he aprendido de ellas! Principalmente de África”. ¿Sabéis ese dicho que se conoce familiarmente como “qué  bien  amueblada tiene está persona la cabeza”?. Pues África es una de ellas, continuamente me rectifica  --en tantas y tantas ocasiones--¡Ay Amelia! Que las cosas no son blancas ni negras que hay matices”. Cuánto  he tenido que rectificar con sus comentarios, y claro que me ha ido "dirigiendo"  .

Si mi hija la pequeña tiene ahora 40 años, y yo comencé a estudiar cuando ella tenía 4 años, pues hace 36 que las conocí en el Centro de Adultos. De compañeras fuimos haciéndonos amigas en un par de años. Pues así por encima los cafecitos los iniciaríamos más o menos hace unos 33 años aproximadamente. ¿Qué os parece? Creo que podemos decir que somos fieles, ¿no? Con Mª José, en un  momento de dificultad que se la presentó por un tema familiar  y ante un “problemilla”,   nos dijo:

“Es que yo  como no tengo ninguna hermana,  y solo os tengo a vosotras para me ayudéis, decidme  a quien le voy a pedir consejo si no es a vosotras”.

Y  del resto de mis  amigas,  yo sé muy bien lo que valen.

Naturalmente le doy muchísima importancia a la amistad. Cuando entiendo que un amigo o simplemente quien quiera que sea, me merece la pena porque compartimos  los  mismos principios y valores, nos ocupamos de conservar la amistad. Y si observo en alguna ocasión a  alguna persona y, en algún momento  “capto” que no tiene muchos amigos, me preguntó: ¿No es un poco  sospechoso? Cada uno de nosotros nos  vamos relacionándonos continuamente con todo tipo de personas que nos son afines, está  claro que somos totalmente distintas  de muchas  de ellas, pero a mí, me  ofrece un poco de duda  ese detalle. Naturalmente puedo  estar confundida, y tengo muy presente que otras personas opinen lo contrario ! Estaría bueno !

Y cuando paso delante de un café me encanta ver a todo tipo de gente y pienso: “¡Qué ratos más agradable se pasan y cuanto reconforta charlar y contar cosas!” Importantes o no, sencillamente conversar, interesarte, tú por ellos y ellos por ti o simplemente generalizar, compartir criterios.

Porque tener “un amigo de verdad” eso si que es otra historia. ¡Eso sí que es un lujo! Y me refiero a ese momento concreto de la vida en el que ese amigo te demuestra lo que de verdad le importas. Cuando se presenta en tu casa porque cree que lo necesitas y viene a ofrecerte su ayuda, sin que  tú no se lo hayas pedido. Y otro de los ejemplos es ese en el que otro amigo es el que te dice: “Tú cuando necesites algo no se lo cuentes  a nadie, pero a mí sí, y entre tú y yo lo arreglamos, ¿vale?”. 

Entre mis amigas África tuvo un percance: la atropelló un coche. Su recuperación fue larga. Está separada, y con niños dos pequeños.  En innumerables ocasiones nos había comentado:

__Yo prefiero no pensar que estoy aquí en Madrid; prácticamente sola__.

Pero no se encontró sola, porque nos tuvo a nosotras, como tenía que ser.

                                                                   Amelia Glez. Luengo










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